Simone Gebs, presidenta, 1988-1992

 

Testimonio  en los 50 años del MIAMSI

“Esto no te compromete a nada, pero hace falta un tercer nombre…”. Es así como por la insistencia de Giovanna, nuestra presidenta entonces, y a pesar de una fuerte resistencia de mi parte, yo formé parte de la “terna”, obligatoria en esos años. Lo que me temía, se cumplió. Fui elegida (Baltimore, julio de 1988) presidenta del Equipo Internacional para cuatro años. Era mi segundo mandato en aquel organismo.

Este periodo tuvo su parte de aventura, en diversos aspectos. Soy francesa de origen, casada con un ginebrino que, siendo de confesión protestante, siempre me ha apoyado en mis compromisos apostólicos.

Justo al comienzo de esta nueva etapa murió Marie – Louise  Monnet, nuestra fundadora. Fui a sus exequias en Tours, pero era necesario celebrar en Roma una misa en honor de la fallecida. Para ello había que tomar contacto con algunas personalidades vaticanas. Por mi inquietud natural, llevaba esta tarea con preocupación; equivocadamente, porque siempre he sido acogida amablemente.

Después de haber caminado por todos los pasillos  del Palazzo San Calixto, varios cardenales estaban demasiado ocupados para atender mi petición. Recibí una respuesta positiva del Cardenal Etchegaray, francés como la persona a quien queríamos rendir homenaje. Presidió esta ceremonia  diciéndonos, con su sencillez habitual,  sonriente, que él había nacido el mismo día que la homenajeada, ¡pero veinte años más tarde!

Posteriormente ocurrió algo grave y preocupante: uno de los responsables nacionales de América Latina fue arrestado. Era todavía la época de las dictaduras  en esa región del mundo. Con la información recibida de nuestro asesor, pude contribuir a su liberación, bastante rápida, a través de llamadas telefónicas a diversa oficinas de NNUU en Ginebra y con la colaboración directa de otras personas . Noches sin dormir…

Durante los dos primeros años de mi mandato, las dificultades de comunicación fueron frecuentes: nuestro nuevo asesor, el P. Chapper, uruguayo, vivía en Montevideo. Había pasado algún tiempo en Roma y se expresaba bastante bien en francés, pero yo no hablaba “castillano”. El correo funcionaba mal, las cartas se perdían, el teléfono era a menudo inaudible. Además, las diferencias culturales, ¿dónde me había embarcado?… Por supuesto, internet no existía entonces en el MIAMSI, ni siquiera el fax.

A petición mía, el Equipo Internacional, en una de sus reuniones, decidió la venida de nuestro asesor a Roma. Llegó unos meses después, con los medios adecuados para vivir allá. Para mí se convirtió en algo habitual tomar el tren de noche Nyon – Roma, ir al Palazzo San Calixto y trabajar con el asesor algunos días cada mes. ¡De viva voz era mucho más fácil!

Para ayudarme en todas las formalidades en Roma, allí estaba Ella, la preciosa, fiel y entregada Ella, que no medía su tiempo, siempre disponible.  Sobre el terreno, conocía todo lo que hacía falta para asegurar las reuniones y estancias del Bureau y las mías, facilitar los viajes de unos y otros… Cuántos servicios nos ha hecho generosamente!  Además de su trabajo en el secretariado.

En el Palazzo San Calixto, el Cardenal Pironio, encargado de los Movimientos, nos ha mostrado siempre su bondad y su capacidad de escucha paternal. Recuerdo bien: “A ver, presidenta, cuénteme todo”. Sus consejos nos fueron muy útiles.

En Ginebra no existía un secretariado como tal. Yo debí asumirlo, pero desde 1989 la venida semanal de una de mis amigas de equipo fue una gran ayuda en mi trabajo. Espíritu de servicio y fidelidad.

 

Un aspecto del mandato: los viajes misioneros.

–          En América Latina: haber escuchado y haber podido entrar, aunque fuera un poco, en comunión con dramas que marcaron la vida de las familias. Eso no se olvida jamás.

Muchos rostros vienen a mi memoria, con sus motivos para la confianza, para la preocupación.

Recorrer una favela, visitar una escuela para muchachos en la que miembros de nuestro Movimiento ofrecían una colaboración regular. Muchachos en la calle, víctimas de la droga ciertamente, algo frecuente para ellos…  Uno de estos adolescentes me ofrece un lápiz decorado por él mismo en un curso de bricolaje. Su lápiz está siempre sobre mi escritorio. ¿En qué se habrá convertido este niño? ¿En un hombre, en el sentido más bello de esta palabra?

–          Yo había seguido un curso intensivo de español a fin de no convertirme en un “florero”. Al final de la reunión del SAL  me fue entregado un diploma que me acreditaba como “lorito de oro”. ¡Hermosa recompensa por las cinco horas diarias de estudio durante un verano!

–          En el Relais Inter – Islas: tenía lugar una reunión en Azimtoti/ Durbam, generosamente acogidos en una casa diocesana. Fuimos despertados una noche por un gran alboroto: una etnia, atacada por otra, venía a buscar refugio. La víspera, nuestro grupo había visitado a la primera. Quedamos impactados por esta violencia.

–          En Sri Lanka y en India, pocas dificultades porque yo hablaba bastante bien el inglés. La guerra castigaba todavía;  puesto que mi vuelo tenía 9 horas de retraso a causa de un accidente el día anterior, yo me preguntaba si el asesor que se suponía iba a esperarme… estaría allí en plena noche. ¡Veo una sotana blanca! Él me condujo a un pequeño hotel. La ruta no era segura. Habría que esperar al día siguiente para llegar a Colombo.

Allí tuvimos un encuentro con los sacerdotes de la diócesis, convocados mensualmente por el obispo para un encuentro mutuo entre sacerdotes y de éstos con el obispo. Cada uno aportaba su comida. Nuestro asesor tenía deseos de proponer esta idea en su país… Por todas partes la misma acogida, abiertos, con reuniones cautivadoras, un gran calor humano.

–          En India, después de haber pasado dos noches en un hotel donde estaba también alojado nuestro asesor, nuestra amiga Carmel, miembro del Bureau, me ofreció su hospitalidad porque estaba preocupada por mi seguridad ya que el P. Chapper, nuestro asesor, debía continuar su viaje. ¡Qué delicadeza!

–          En Siria, donde se habla un francés impecable, me resultó fácil la comunicación con las responsables de los equipos que deseaban tener con nosotros vínculos más estrechos… ¡Acogida memorable, como en otras partes!  Actualmente, después de largos meses sin recibir noticias de ellas, estamos ansiosos.

He encontrado, aquí y allá, miembros de nuestros Movimientos que seguían con ardor los objetivos propuestos por el MIAMSI  para corresponder al “sueño del Señor”: un mundo de justicia, de fraternidad…, a veces en detrimento de su vida familiar y/o conyugal.  ¿Seríamos nosotros capaces de una renuncia semejante?

Anécdotas con sentido: Mientras que yo me sentía tranquila en Chile, primera parte de un viaje de cinco semanas por el Cono Sur, mi bolso fue rasgado de arriba abajo y, en el interior, mi portafolios. No desapareció nada, mi pasaporte había quedado en el domicilio donde me hospedaba. Uf!  La amiga que me había ofrecido su hospitalidad se puso a buscar afanosamente otro bolso, sólido y a mi gusto.

–          En Paraguay, por descuido, yo había estropeado la cerradura de mi maleta: dos de nuestros amigos me la arreglaron.

–          En Sri Lanka, la maleta de nuestro asesor  había sido forzada durante el viaje. Nada faltaba, pero la cerradura, estropeada,  hacía inutilizable la maleta. A comprar otra con las indicaciones de nuestros amigos.

Riesgos de viajes en un sitio y otro…, pero  nuevas ocasiones para apreciar la amabilidad de nuestros  anfitriones y su espíritu de servicio.

Las amistades trabadas con los miembros del Bureau Internacional y con las personas que nos han acogido en sus Movimientos en nuestros desplazamientos por Europa, sea en Bruselas, Lisboa, París, Ginebra, Roma, son de una calidad inolvidable. Amistades por todo el mundo que perduran a pesar de las distancias y que nos hacen reencontrarnos, cuando se presenta la ocasión, “como si nos hubiéramos visto ayer”.

Amplitud de pensamiento, apertura de corazón, desprendimiento  – por los viajes y las otras culturas – de las ideas más o menos preconcebidas, enriquecimiento por conocer hermanos y hermanas, laicos o sacerdotes, y por el trabajo realizado en común.

Tiempo de gracias vivido en el seno del MIAMSI. Gracias, Giovanna. Gracias a todos.

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