Migración de Personas de Clases Medias en América del
Sur – Bolivia
Introducción.-
Mi nombre es Enrique Herbas, tengo 42 años y con mi esposa Carolina, a quién le hubiera encantado estar aquí, participamos del MIAMSI desde hace 15 años. Vivimos en Bolivia y tenemos tres maravillosos hijos, Sofía, Florencia y Lucas.
Nuestra comunidad se llama Corintios y cuando empezamos a reunirnos, la mayoría éramos parejas de recién casados, todavía sin hijos; nos decían el grupo de jóvenes, cada vez nos gusta más que nos sigan llamando así.
Voy a contarles brevemente la historia de cinco parejas de nuestra comunidad. Son historias de amigos-hermanos muy cercanos y queridos, historias grabadas en el corazón.
Testimonio.-
Hace aproximadamente siete años atrás, en Bolivia se sucedieron manifestaciones y bloqueos de campesinos que comenzaron a agudizar en algunas personas el miedo a la violencia intercultural y/o racial. El año 2001 como movimiento realizamos una Revisión de Vida analizando el comentario de una persona del medio social independiente que afirmó “no aguanto más en este país, me voy a vivir a otro lado”.
Desde entonces, los Corintios tuvimos largas noches de diálogo sobre las motivaciones para quedarse en Bolivia o buscar otro país donde vivir, ¿porqué migrar?, ¿para qué?, ¿cómo hacerlo? … Debido a estos cuestionamientos, surgió una profunda reflexión sobre los propios valores, sobre el sentido de nuestra vida o proyecto de vida. Cada uno se preguntaba ¿qué busco para mí y mi familia?, y ¿qué dice Jesús al respecto?... Cada familia tuvo su propio proceso, complejo, difícil, lleno de valentía e ilusiones.
Enrique Brockmann y Claudia Medinacelli, con dos hijos pequeños migraron hacia Costa Rica. Fueron los primeros en irse. Enrique es un brillante ingeniero en sistemas, sentía la frustración de no encontrar empresas en Bolivia donde desarrollarse profesionalmente, al mismo tiempo que ser valorado y bien pagado. En cada licitación que tenía a cargo, debía luchar contra el ambiente de corrupción, cansado de esto y de su propio trabajo, buscó la forma de irse a otro país. Obtuvo media beca para realizar una maestría en administración de empresas en el INCAE, la plata que les faltaba se la prestaron parientes y amigos. Terminó su maestría de dos años y le ofrecieron un contrato de trabajo para quedarse. Están felices aunque extrañan a los amigos.
Cecilia Aguirre y Juan Carlos Vasquéz de Velasco, con dos hijos pequeños migraron al Canadá. Ambos brillantes profesionales de la publicidad y el diseño gráfico. Ella, empresaria, socia de una exitosa agencia de publicidad en Bolivia; él empleado de una empresa internacional de diseño gráfico. A ninguno le faltaba trabajo ni ingresos, pero comenzaron a sentir que en Bolivia no había futuro para sus hijos, comenzaron a sentir inseguridad y muchas limitaciones para su desarrollo como familia. Profesionales con gran experiencia y conocimiento de idiomas, aplicaron a un programa especial de migración para el Canadá. Al comienzo les fue duro comenzar de cero en una patria nueva, ahora están muy bien, felices, más unidos como familia y con buenos trabajos.
Jorge Abela y Patricia Vacaflor, con tres hijas, la mayor de 15 años, la menor de 10. El año pasado intentaron migrar a Estados Unidos, pero no pudieron. Jorge es ingeniero electrónico y tiene una maestría en administración de empresas, su sueño sigue siendo hacer un doctorado en estadística y ser profesor universitario. Patricia estudio en México administración de empresas y tiene una especialidad en marketing. Ambos excelentes profesionales, durante todos estos años han luchado y no les ha faltado trabajo en Bolivia, pero han ido acumulando frustraciones por las limitaciones para su desarrollo profesional. Les surgió un sentimiento muy fuerte, no sentirse identificados con Bolivia y su cultura, es duro sentirse extraño en su propia tierra; decidieron migrar a USA. Patricia consiguió un contrato de trabajo y se fue a Virginia, dejando en Bolivia a Jorge con sus tres hijas; estuvieron separados seis meses, con la esperanza de hacer los papeles para poder migrar. La empresa que contrató a Patricia recibió cuestionamientos del Departamento de Migración de USA y decidió no ayudarlos. Patricia retornó a Bolivia sin lograr el objetivo por el que se sacrificaron todos, fue una experiencia muy dura a la vez que enriquecedora.
Ricardo Forno y Carolina Medeiros, tienen dos hijos. Ricardo es físico, docente e investigador universitario; Carolina es maestra y da clases en un colegio particular. Ambos comparten el deseo de poder seguir viviendo y trabajando en paz en Bolivia. Son personas cuyo sentimiento de compromiso ciudadano y de solidaridad es ejemplar.
Mi esposa Carolina es historiadora, ella es argentina-boliviana. Hace más de doce años que trabaja en la producción de textos escolares con la ilusión y el compromiso de aportar a la educación y desarrollo de Bolivia. Yo soy ingeniero civil, socio de una empresa consultora. Por ahora queremos seguir viviendo en Bolivia.
Como verán de cinco familias de nuestra comunidad, dos migraron; una intentó migrar pero no pudo; y dos todavía se aferran a vivir en Bolivia. Las que se fueron festejan el derecho a migrar, los que nos quedamos deseamos que se respete nuestro derecho a no migrar.
Conclusiones.-
Signos positivos de las experiencias narradas:
Migración en familia. Una bella constatación es que todos los casos narrados han tenido como trasfondo el valor de la familia, los que migraron lo hicieron pensando en mejores días para su familia y se fueron todos juntos; el caso que intentó migrar pero no pudo fue porque en el fondo optó por la unidad de su familia. Creemos que, como la familia de Nazaret, si es necesario partir hacia tierras lejanas, no debe dejarse a nadie atrás sino más bien fortalecerse mutuamente y emprender la aventura juntos.
El proyecto de vida. La experiencia de migrar requiere de valentía y decisión, está llena de ilusiones, miedos y esperanzas. En nuestra comunidad hemos vivido la experiencia de repensar el sentido de nuestras vidas, de reflexionar sobre nuestros proyectos de vida y nuestros valores. La posibilidad de migrar ha obligado a cada persona, a preguntarse y responderse temas centrales. No existen las decisiones perfectas, pero reflexionar la vida de hecho la enriquece y mucho más si se hace el esfuerzo de contrastar nuestras motivaciones con los valores evangélicos.
Humanizar la globalización. Les aseguro con total certeza que nuestros hermanos Corintios que ahora viven en el Canadá o en Costa Rica, desde allí están aportando para que el mundo sea mejor. Son familias maravillosas que seguramente aportarán con valores evangélicos a la sociedad que ahora los acoge, puedo decir felices quienes los conozcan y disfruten de su amistad.
Se abren espacios para otros. Una manera de ver la migración de profesionales altamente capacitados es que Bolivia requerirá formar a otros. A mediano y largo plazo puede ser beneficioso que se abran espacios para que otras personas, que antes no tenían cabida, se capaciten y accedan a círculos de poder.
Crecer en humildad. Las experiencias de migración exigen abrirse al diferente, relativizar o relegar las propias certezas. Aprender de nuevas culturas, dudar de nuestras posiciones siempre defendidas. Animarse a caminar por el terreno de la humanidad, sin sentirse dueño del propio jardín, sino aprendiendo de otros y aportando con alegría donde Dios nos conceda vivir.
Enrique Herbas. 13/Octubre/2008.