INTRODUCCIÓN

 

 

 

            Es para mí un gran placer poder dar a todos vosotros la bienvenida a la Asamblea General del MIAMSI. Como representante de la Santa Sede en este País, os saludo con mucha alegría al comenzar esta celebración eucarística en la iglesia catedral de San Pablo.

            Es particularmente significativo que la Asamblea General de este año se tenga en la “Isla de Pablo”. Como se lee en los Hechos de los Apóstoles, el Apóstol de los Gentiles naufragó en las costas de esta amada Isla. El tema de vuestro Encuentro: Migraciones, un oportunidad para construir puentes. Familias, culturas, religiones y pueblos en diálogo, puede ser asociado fácilmente con los distintos aspectos que San Pablo trata en sus Cartas. El Apóstol mismo no fue un extraño en medio de la diversidad cultural. Él conoció lo que significa construir puentes. Supo comprender la importancia del diálogo en su labor misionera.

            Malta, esta “isla de la fe”, tiene una vocación particular por su posición geográfica, que la coloca en un cruce de culturas, religiones y pueblos. Despidiéndose de Malta, el 9 de mayo de 2001, tras su segunda visita pastoral a la Isla, el Siervo de Dios Juan Pablo II afirmaba: Malta está en el centro del Mediterráneo. Por eso, tenéis una vocación singular: edificar puentes entre los pueblos de la cuenca del Mediterráneo, entre África y Europa. El futuro de la paz en el mundo depende del fortalecimiento del diálogo y de la comprensión entre las culturas y las religiones. Continuad vuestra tradición de hospitalidad y proseguid vuestro compromiso nacional e internacional en favor de la libertad, la justicia y la paz”.

            La larga y movilizada historia de Malta ha visto a esta tierra cambiar muchas veces de mando, hasta la independencia en 1964.

            Sea Malta que la isla de Gozo son testigos de una larga tradición religiosa y cultural. Tantos antiguos templos megalíticos, tantas áreas subterráneas llenas de catacumbas y pintorescas capillas en los campos. El papel desempeñado por los Caballeros de San Juan en Malta ofreció un impulso extraordinario en la construcción de un gran número de iglesias barrocas. Los Caballeros fueron competentes benefactores del arte y de la cultura. Esto es evidente, especialmente, en las obras maravillosas de la Concatedral de San Juan, en La Valeta, construida por dichos Caballeros. El hermoso interior de dicha iglesia de San Juan puede gloriarse de la bellísima bóveda de Mattia Preti, la preciosa piedra sepulcral que, única, cubre todo el piso, así como finas esculturas y capillas muy bien decoradas de las langues de la Orden caballeresca, por no mencionar las dos obras maestras de Caravaggio: el San Jerónimo y la Decapitación de San Juan.

            Hoy, en cuanto miembro de la Unión Europea, Malta sigue cumpliendo su vocación de ser puente entre Europa y África del Norte. Además, Malta ha levantado muchas veces su voz en los fueros europeos y en distintas instituciones, para recordar a sus naciones hermanas las raíces cristianas del Continente y la relevancia perenne de los valores cristianos en la promoción de la justicia y la solidaridad entre los pueblos.

            Esta noche las plus altas Autoridades de esta noble Nación han quiso ser unidos a nosotros y ofrecernos una evidencia tangible de lo espirito de hospitalidad de este pueblo. En el nombre de todos ustedes, me es grato extender un respetuoso saludo a Su Excelencia el Señor Presidente de la Republica, a Su Excelencia el Señor Premier Ministro y a las otras Autoridades presentes.

Está en la sangre del pueblo de esta querida nación el espíritu de hospitalidad que la caracteriza y que debe seguir floreciendo. Ya se pone en evidencia en la siguiente cita bíblica de los Hechos de los Apóstoles, que relata el naufragio de San Pablo: “La isla se llamaba Malta. Sus habitantes nos demostraron una cordialidad nada común y nos acogieron a todos...” (Hch 28,2).

            Es con este mismo espíritu, que experimento y recibo cada día de la gente de Malta y Gozo, que os doy ahora la bienvenida, deseándoos toda clase de éxitos en vuestra Asamblea General. Que esta eucaristía sea fuente de gracia y bendiciones para cada uno de vosotros, estimados participantes, para vuestro Movimiento Internacional y su cuerpo organizativo, así como para todos vuestros seres queridos.