Las migraciones, una invitación a
toda la humanidad
Introducción al debate por Johan Ketelers
Secretario General de
Vivimos en la era del consumismo rápido, de las
comunicaciones que nos adormecen en lo que somos llevados a creer
pero que indiscutiblemente no son excusa para nuestra ignorancia;
vivimos en un mundo que nos demuestra cada día que ya no está en la era de las
naciones individuales y las diferencias históricas pero que nos lleva a
un torbellino de consecuencias a menudo incontroladas y quizás
incontrolables con nuestros esquemas de lectura tradicionales. Lo que se
desencadena en un país tiene consecuencias en otro, lo que sucede en un sector
de actividades afecta a otro, lo que le ocurre a mi hermano y a mi hermana me
ocurre a mi.
Nuestro mundo ha cambiado de manera fundamental:
lo que estaba lejos, está hoy al alcance de la mano, aquel o aquella que estaba
a más de
Mientras que deberíamos como cristianos
encontrar en nuestra fe y frente a este Maelstrom todas las
razones para ser fuertes, más aun ser guias, a menudo nos dejamos llevar por el
pánico y la seguridad que nos da el silencio. “No tengan miedo…” era el
mensaje fuerte del Papa Juan Pablo II a todas las naciones y pueblos del mundo.
Pero he aquí que el miedo nos encierra, que nos hace ciegos y nos incita a
protegernos y defendernos.
En tanto cristianos ya éramos peregrinos
en la vida; he aquí que somos también migrantes en el mundo. La relación entre estos dos conceptos
parece interrogarnos e inquietarnos aun más ya que se trata de una invitación a
dar valor al compromiso. Nos invita a una nueva lectura de nuestra presencia
cristiana en el mundo y a asegurar el respeto de la dignidad humana,
necesidad fundamental también confirmada por
Hay más de 200 millones de migrantes en el mundo y
entre ellos más de 10 millones de refugiados. Esto significa que en nuestro
mundo 1 persona en 30 es un migrante. A estos 200 millones de personas se suman
cerca de 27 millones de desplazados de los cuales la mitad en Äfrica. Existen
también las nuevas formas de esclavitud que proliferan por la falta de
protección legal en los movimientos migratorios y que afectan a más de 27
millones de personas y entre 600.000 y 800.000 nuevas víctimas de la trata
humana cada año, un "business" cuya cifra alcanza hoy una cantidad
estimada en aproximadamente10 mil millones de euros anuales. Mientras que los
presupuestos de defensa del territorio aumentan en Europa, que la lectura de
las “migraciones útiles” se hace sobre la base de las necesidades económicas,
reduciendo así a menudo a la persona humana a un "commodity"
económico, el rostro humano de estas realidades sociológicas permanece a menudo
ausente, más aun ignorado en el debate estructural.
Casi paradójicamente, la migración está a menudo
presente en los medios bajo su aspecto humanitario: personas que eligen
atraversar desiertos, ríos y mares a riesgo de su vida, personas
arrojadas por la borda o que se ahogan porque partieron en embarcaciones muy
poco fiables; los “pequeños” que viven situaciones heroicas para proveer las
necesidades de su familia. Estas imágenes nos conmueven y apelan a
Las migraciones no son tampoco un
problema europeo sino un desafío global. Los parámetros de la migración pertenecen a un
proceso global y es lamentable que la lectura de estos movimientos permanezca
demasiado ligada a conceptos nacionales y de protección nacional y regional. La
actitud legítima de autoprotección no se cuestiona, pero los conceptos
humanitarios y la globalización creciente invitan a mirar más allá de estas
fronteras y a extender la necesidad de protección a un nivel humano global con
el fin de asegurar la protección a toda persona. Es en el
establecimiento de ese proceso de protección para todos que se inscribe el
valor de una solidaridad internacional mejor comprendida y de un concepto de
gobernanza global.
Una gobernanza global es indispensable para
asegurar la gestión de esta movilidad humana creciente.La migración, el
bienestar, el crecimiento económico y el mercado de trabajo son realidades
interconectadas. En el pasado, los equilibrios necesarios se desarrollaban a un
nivel nacional y progresivamente a niveles regionales. Hoy la necesidad se
sitúa a un nivel global. El enfoque y la búsqueda de una gobernanza global
deberán inspirarse en criterios económicos y nacionales, pero también en los
del desarrollo, de la pobreza, de los derechos humanos y del bienestar. La
gobernanza no debe por tanto buscar ante todo una
reducción de la movilidad sino más bien el desarrollo del potencial de la
migración, lo que no significa necesariamente un aumento del número de
migrantes.
Cerrar las puertas no disminuye los flujos
migratorios sino que los desvía o los tranforma en migraciones irregulares.En
lugar del mensaje de firmeza que busca cerrar las puertas, deberíamos
concentrar nuestras energías en las causas y consecuencias de la movilidad
creciente. Mayores inversiones en el combate contra la pobreza y a favor del
desarrollo, incluyendo el desarrollo rural demasiado relegado desde hace años y
que es hoy una de las causas principales de las migraciones urbanas;
mayor protección legal para aquellos que han elegido un futuro diferente.
Es necesario desarrollar un sistema transparente que establezca, reconozca y
haga valer los derechos y obligaciones de los migrantes en tanto
individuos o grupos culturales y en el marco de su pertenencia a
diferentes formas de agruparse. Estos derechos y estas obligaciones deben
traducirse en leyes y en marcos legales aplicados. Se trata de
herramientas útiles que ofrecen la ventaja de una transparencia y de
marcos de referencia. Los tratados de la ONU sobre los derechos humanos
han inscrito gran número de estos derechos e invitan a todas las naciones que
los han ratificado a asegurar su “traducción” en leyes nacionales y a
aplicarlas. La Convención para la protección de los trabajadores migrantes que
no ha sido ratificada por ninguno de los Estados del Norte, permanece aun hoy
como letra muerta. Es evidente que la aplicación correcta de todas estas
convenciones constituiría ya una disminución considerable de los retos
que se plantean con respecto a la movilidad humana.
La migración nos invita a redescubrir nuestros
propios propósitos de democracia y de valores morales; a cuestionarnos sobre la
traducción cotidiana de nuestra fe; a desarrollar las pistas que deben llevar a
la humanidad entera hacia un mundo mejor. La movilidad humana no es una de las
calamidades del Apocalipsis: es la historia de la gente como Ud. y como
yo que buscamos construir para nosotros y para los otros un futuro mejor; ella
es la historia de una humanidad que se busca. La movilidad humana nos llama a
una movilidad del espíritu.