¿Qué dice la Iglesia,
nuestra Iglesia católica, y su “Doctrina social”
acerca de nuestro tema
“las migraciones, una oportunidad para construir puentes”?
A. Documentos pontificios
Consulté
el magnífico e indispensable Compendio de
En
cuanto al Código de Derecho Canónico (www.vatican.va/archive/ccc/index_fr.htm),
dos cánones hacen referencia a los inmigrantes, señalando a la vez las
obligaciones que tienen los pueblos de acoger al extranjero, al emigrante y las
obligaciones de los emigrantes con respecto al país que los acoge :
Canon 1911 Las
dependencias humanas se intensifican. Se extienden poco a poco por toda
Canon 2241 Se espera que las naciones mejor provistas
reciban y hagan lo posible por auxiliar al extranjero en cuanto a la seguridad
y los recursos vitales que no hubiera podido encontrar en su país de origen. Los poderes públicos velarán respecto al derecho natural que coloca al
huésped bajo la protección de quienes le reciben. Las autoridades políticas
pueden, por el bien común que custodian, someter el ejercicio del derecho de
inmigración a ciertas condiciones jurídicas, especialmente en lo relativo a los
deberes de los emigrantes con respecto al país de adopción. El inmigrante debe respetar y reconocer el
patrimonio material y espiritual del país que le recibe, obedecer sus leyes y
pagar las contribuciones que le correspondan.
Estos
documentos fundamentales (Código y Compendio) son, como ustedes saben, como los
"manuales prácticos" de las orientaciones del Concilio Vaticano II. En cuatro instancias,
El
primer documento oficial de
Este
documento fue retomado, ampliado y actualizado considerablemente en lo que
actualmente constituye la carta de la Iglesia católica respecto a los emigrantes
y a las personas que se desplazan:
B. Otros documentos de la Iglesia
Pero,
como ustedes saben, lo que nosotros llamamos doctrina social de la Iglesia, a
partir del papa León XIII y su encíclica Rerum
Novarum, no son documentos pontificios. Es una operación inductiva que
parte de la base, por decirlo de algún modo, de los compromisos asumidos por
muchos cristianos sacudidos por situaciones humanas dramáticas, documentos de
movimientos de fieles, de palabras proféticas de pastores y obispos, de
iniciativas locales que resultan ser fecundas y proféticas (se es aún más
profeta al conjugar actos y palabras), búsquedas realizadas por las Iglesias
locales y que poco a poco van delineando
una actitud más evangélica con respecto a los hermanos y hermanas que están
pasando por estas pruebas. Son
precisamente estas palabras y estos gestos los que poco a poco, permiten al
magistrado universal dar orientaciones o estimular cambios de mentalidades.
Hay
infinidad de documentos. Citaré, por ejemplo:
- el Congreso
de delegados de Conferencias episcopales africanas, llevado a cabo en
Nairobi, Kenia, en junio de 2008 sobre el tema: “Por una Pastoral Mejor para
los emigrantes y Refugiados en África, al Inicio del Tercer Milenio” donde se
hizo el “Llamado de Nairobi” (www.icmc.net/pdf/appel_de_nairobi_fr.pdf).
- el
Reencuentro anual de Directores de la pastoral de emigrantes en Europa.
El último se llevó a cabo en Viena, a mediados de setiembre de 2008, y donde se
señaló el rol profético de la Iglesia en este campo. (www.ccee.ch/index.php?PHPSESSID=fii1crgvljlgdlkvr4qecvpbp1&na=4,1,0,0,f,104160,0,0,)
- Las
Actas de un “Coloquio de Concertación Pastoral” entre las Iglesias de África
Occidental, Magreb y Europa, del cual participó el P. Vincent Landel. Este
coloquio se llevó a cabo en Abidjan, en mayo de 2007, bajo el título “el Drama
de la Migración”.
- Un
importante trabajo de investigación del episcopado francés llamado: “Cuando
el extranjero golpea a nuestra puerta” (Documento Episcopado de junio de 2004).
(Se puede ver su texto compactado en la dirección: www.eglisemigrations.org/ressources/10113/45/4242.pdf)
- En
el sitio de Internet de l'International
Catholic Migration Commission (www.icmc.net/e/index.htm),
se puede encontrar varios documentos provenientes de todos los continentes… y
un libro en francés, publicado hace dos años: "Les Eglises, les migrants et les réfugiés, 35 textes pour comprendre"
(L'Atelier, 2006) /Las Iglesias, los emigrantes y los refugiados, 35 textos
para comprender/ relata las posiciones de los obispos de todo el mundo.
- Los
movimientos especializados sensibilizan a la opinión pública y publican
documentos de fondo: la CIMADE, organismo protestante que ha acompañado
y defendido a los emigrantes y a los que piden asilo por más de 60 años, (www.cimade.org), la Red de
Cristianos-Inmigrantes (www.reseau-chretien-immigres.org),
la JRS, Servicio Jesuita de los
Refugiados, organización católica que trabaja en unos cincuenta países y
cuya misión consiste en acompañar, servir y defender los derechos de los
refugiados y de las personas desplazadas a la fuerza (www.jrs.net/home.php).
Además,
todos los años, en ocasión de
C. Puntos de reflexión propuestos por
1. Todo,
por supuesto, parte siempre de la Palabra del Señor que el MIAMSI ha escogido
como eslogan de nuestro reencuentro: “Yo
era un extraño y tú me recibiste” (Mt 25,35) Al cierre de las Semanas
Sociales 2006, el obispo de Nanterre, en la región parisina, precisaba que
Jesús no dijo: “Yo era un extraño con papeles en regla, y tú me recibiste” es un poco de humor negro, pero ¿no es
también necesario para un tema tan sensible? !
5 figuras bíblicas son constantemente evocadas para prestar un
rostro a estos puntos de reflexión:
- Abraham, el padre de los
creyentes, que recibe el llamado de abandonar su país para ir hacia el país que
Dios le mostrará (Gn 12,1-5) y le asignará la exigencia de recibir no solamente
al emigrante sino a su familia también, fundando el derecho a la reagrupación
familiar sobre el hecho de que Abraham partió con toda su familia. A menudo se hará referencia a la magnífica meditación
de la carta a los Hebreos: “Por su fe, Abraham obedeció al llamado de Dios: partió
hacia un país que le debía ser entregado como herencia. Partió sin saber hacia
dónde iba. Por su fe, se quedó como extranjero
en la Tierra prometida... porque esperaba la ciudad que tendría verdaderos
cimientos, aquellos de los que Dios mismo es el constructor y el arquitecto. (…)
Es en la fe que (Abraham, Sara y sus compañeros) todos mueren sin haber visto
las promesas cumplidas; pero sí las habían visto y saludado de lejos, afirmando
que, en la tierra, ellos eran extranjeros y viajeros. O, dicho de otro modo,
mostrar claramente que estamos en la búsqueda de una patria. Si hubieran
pensado en la que dejaron atrás, habrían tenido la posibilidad de volver. De
hecho, ellos aspiraban a una patria mejor, la de los cielos. Y Dios, no rechazó
ser invocado como su dios, porque les preparó una ciudad celestial.” (Hb
11,8-16). Créanme, escuchar este pasaje bíblico durante las exequias de un emigrante
en situación irregular, muerto en la ruta, le otorga una dimensión encarnada a
esta Palabra, que con demasiada frecuencia espiritualizamos excesivamente.
- Segunda
figura: Moisés y el pueblo hebreo
que vivió en tierra extranjera, bajo la opresión y a quien el Señor mismo
legitima su deseo de liberación y de emigración: “He visto la miseria de
mi pueblo en Egipto… y he descendido para liberarlo de la manos de los Egipcios
y para que salgan de éste hacia un país
bueno y vasto" (Ex 3,7-8). Completamos esta evocación de Moisés con las
palabras del Deuteronomio: “cuando llegues al país que el Señor tu Dios te
dará, tú dirás: Mi padre era un arameo errante” (Dt 26,1….5), junto con los
mandamientos del Levítico: “Cuando un emigrante venga a instalarse a tu casa,
en tu país, tú no lo explotarás; lo tratarás como a una persona de tu lugar,
como uno a uno de ustedes, lo amarás como a ti mismo porque ustedes mismos
fuero emigrantes en Egipto".
- Tercera
figura: el Buen Samaritano (Luc
10, 29-37):
- Cuarta
figura: una figura colectiva, la
multitud del Apocalipsis, en camino hacia la ciudad santa,
- Quinta
figura, la figura fundamental: Jesucristo, él mismo (con María), nacido en un pesebre, y que como extranjero, huyó
a Egipto con su familia, asumiendo y recapitulando en sí mismo, la experiencia
fundamental de su pueblo ((cf. Mt 2,13ss). Nacido fuera de su casa,
llegando de fuera de su Patria (cf. Lc 2, 4-7), "habitaba entre
nosotros » (Jn 1,11.14) y llevó su vida pública de forma itinerante,
recorriendo « ciudades y aldeas » (cf. Lc, 13,22 ; Mt 9,35).
Resucitado y no obstante, aún un extranjero, desconocido, se le aparece en el
camino de Emaús a dos de sus discípulos que lo reconocen solamente cuando parte
el pan (cf. Lc 24,35). Los cristianos seguimos, por lo tanto, a un vagabundo
que no tiene dónde apoyar su cabeza para descansar (Mt 8,20 ; Lc 9,58) ».
Desde
ahí, el fiel a Cristo ha sido llamado “discípulo”,
el que marcha detrás y se considera de paso en el mundo, porque “acá abajo no
tenemos una ciudad permanente” (Hb 13,14). La primera comunidad cristiana fue
plenamente conciente de ello desde el comienzo, y podríamos releer en este
sentido,
2. Desde
estas 5 figuras, ¿qué puntos de reflexión ofrece la doctrina social de la Iglesia?
En
primer lugar, si bien el Compendio no habla ni una palabra de las migraciones,
los fundamentos de la DS que allí se citan se pueden aplicar perfectamente al
tema cuando ellos se refieren a:
- la igual dignidad de todas las personas que son imagen de Dios
- el valor de los derechos del hombre y el llamado a acortar la distancia
entre la letra y el espíritu.
- el principio del bien común
- el destino universal de los bienes
- el principio de solidaridad
- y la voz de la caridad
Más
concretamente, he aquí algunas instancias esenciales de la instrucción “Erga emigrantes”, sobre la
que me basaré, especialmente, de aquí en adelante:
En el
plano más fundamental, el Concilio Vaticano
II ha “elaborado importantes pautas y ha invitado sobretodo a los cristianos
a conocer y tomar la dimensión del
fenómeno migratorio (cf.GS65 y 66). Allí se recuerda el derecho a emigrar (cf.
GS 65)[17], la dignidad del emigrante (cf. GS 66), la necesidad de ir más allá
de las inequidades vinculadas al desarrollo socio-económico (cf. GS 63) y de
responder a las exigencias reales de la persona (cf. GS 84). El Concilio
reconoce además a las Autoridades civiles el derecho de regular el flujo
migratorio (cf. GS 87). Recibir al extranjero se considera como inherente a la
naturaleza misma de la Iglesia y testigo de su fidelidad al Evangelio (EC
21-22).
En base
a estas pautas, los documentos de la iglesia han extraído 7 puntos de referencia teológicos y pastorales (cf. EC 27) :
1. el aspecto central de la
persona: en el fenómeno migratorio, hay que
tener presente en primer lugar que se trata de personas concretas que emigran,
que sufren, que esperan, que buscan, que son hermanos y hermanas que debemos
amar;
2. la defensa de los derechos del hombre y de la mujer emigrados así como
de sus hijos;
3. la dimensión eclesial y
misionera de las migraciones: a menudo, se
trata de cristianos que han recibido la Fe en una Iglesia en particular, y que
tienen algo de esa Iglesia para compartir con la Iglesia que los recibe;
4. la revalorización del apostolado
de los laicos, el valor de las culturas en la acción de evangelización;
5. la protección y la
valorización de las minorías, también en el seno de la Iglesia;
6. la importancia del diálogo eclesial
ad intra et ad extra: siguiendo la forma del
coloquio de Abidjan que ya he citado: los emigrantes
convocan a las Iglesias, a los movimientos de Iglesia a que colaboren entre
ellos acá y allá, ¿no es además una dimensión de nuestra asamblea general?
7. el aporte específico de la
emigración por la paz universal ya que, nos guste o no, teje lazos entre los
pueblos y a menudo, también alianzas aunque sólo sea por los matrimonios entre emigrantes
y nativos.
En
base a estos fundamentos, observaremos algunas instancias particulares:
- La
iglesia invita a ratificar los instrumentos
jurídicos internacionales que garantizan los derechos de los emigrantes,
los refugiados y sus familias y en particular,
- El
fenómenos migratorio despierta una verdadera pregunta ética, y es la búsqueda de un nuevo orden económico
internacional, con la perspectiva del bien común universal y con el
objetivo de una repartición más equitativa de los bienes de la tierra, que
contribuirían, en una medida nada despreciable, a reducir y moderar de forma
significativa una gran parte de los flujos de poblaciones en dificultades. (EC
9) Se precisa una política que garantice
el respeto del derecho de todos los emigrantes, evitando eventuales
discriminaciones. Se ha prestado mucha atención tanto en marco legislativo como en la práctica
administrativa de los distintos países, a la unidad de la familia y a la protección de menores, a menudo
destrozados por las migraciones. (EC 30)
- En
cuanto a los cristianos, deben convertirse en promotores de una verdadera cultura de acogida en
respuesta a la invitación de san Pablo: “Acójanse
unos a otros como Cristo os ha acogido, por la gloria de Dios" (Rm
15,7). Es responsabilidad de las Iglesias y de sus pastores, hacer conocer a
los autóctonos los problemas complejos de las migraciones y oponerse a
sospechas infundadas o a los prejuicios que son ofensivos en relación a los extranjeros.
También es preciso procurar que todos se den cuenta de las ventajas no
solamente económicas que aportan a los países industrializados los flujos
migratorios regulares y sino también la mayor conciencia de que detrás de esos brazos
que precisamos, hay personas, hombres, mujeres y familias enteras con niños y
personas mayores (cf. EC 39-42). Es el reto de una pastoral
de emigrantes que la Instrucción “Erga emigrantes” renueva, alienta y
promueve.
Porque “el extranjero” es el mensajero de Dios que sorprende y refresca la
regularidad y la lógica de la vida cotidiana, acercándole lo que antes estaba
lejos. En los "extranjeros", la Iglesia ve al Cristo que
“arma su tienda entre nosotros (cf.Jn 1,14)
y que “llama a nuestra puerta” (cf. Ap 3,20). Este encuentro – el
resultado de prestar atención, acoger, compartir, ser solidarios, proteger los
derechos de los emigrantes y al impulso de evangelización – es el reflejo de la
llamada de la Iglesia que ve en ellos auténticos valores y que los considera
como una gran riqueza humana.
A pesar de los fracasos, los cristianos, sensibilizados frente al fenómeno
de la movilidad, son además llamados a ser signo
de la fraternidad y comunión en el mundo, practicando la ética del
reencuentro, el respeto por las diferencias y
Conclusión con Benito XVI
El 30 de agosto, el papa
declaraba desde Castel Gandolfo: “No es poco frecuente que la travesía del
Mediterráneo hacia el continente europeo, realizada con la esperanza de huir de
situaciones desfavorables, y a menudo insostenibles, se convierta en una tragedia.
Hoy en día, este fenómeno se ha transformado en una situación de urgencia que
nos interpela. Llama a nuestra solidaridad pero exige al mismo tiempo
respuestas políticas eficaces.”
Ha celebrado el compromiso de
“instancias regionales, nacionales e internacionales que se ocupan del tema de
las migraciones irregulares”, pero asimismo ha realizado un llamado a los
países de origen que “deben mostrar sentido de responsabilidad no sólo porque
se trata de sus conciudadanos, sino para erradicar las causas de las
migraciones irregulares y para extirpar de raíz de todas la formas de
criminalidad que se encuentran ligadas a las mismas”.
Benito XVI ha solicitado,
además, a los países que reciben a los emigrantes, que "desarrollen, de
común acuerdo, iniciativas y estructuras que se adecuen mejor a las necesidades
de los emigrantes irregulares”. Ha alentado una sensibilización “al valor de la
vida que representa un bien único, siempre preciado, que debe preservarse ante
los riesgos enormes a los que se enfrentan las personas que buscan mejorar sus
condiciones de vida y a la obligación de legalidad que se impone a todos”.
“Como Padre de todos, siento
el profundo deber de llamar la atención de todos sobre este problema y a apelar
a la generosa colaboración de personas individuales y de las instituciones para
enfrentar este tema y encontrar soluciones”, concluyó el papa.
¿No hay allí un llamado para
que nuestra Asamblea de Malta agregue a
Daniel
Nourissat, octubre 2008
(Traducido por