¿Qué dice la Iglesia, nuestra Iglesia católica, y su “Doctrina social”

acerca de nuestro tema

“las migraciones, una oportunidad para construir puentes”?

 

A. Documentos pontificios

 

Consulté el magnífico e indispensable Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Estupor: en la copiosa tabla que ocupa casi la mitad de la obra, no encontré más que 6 referencias; cada una de ellas no era más que la presencia del término migración, inmigrantes o emigrantes, pero este tema trascendente de la vida de nuestras sociedades, como lo ha expresado ampliamente Antonietta, no es tema de ningún capítulo ni de siquiera un párrafo en especial.

 

En cuanto al Código de Derecho Canónico (www.vatican.va/archive/ccc/index_fr.htm), dos cánones hacen referencia a los inmigrantes, señalando a la vez las obligaciones que tienen los pueblos de acoger al extranjero, al emigrante y las obligaciones de los emigrantes con respecto al país que los acoge :

Canon 1911 Las dependencias humanas se intensifican. Se extienden poco a poco por toda la tierra. La unidad de la familia humana, integrada por personas que gozan de la misma dignidad de igual naturaleza, es un bien común universal. Este requiere de una organización de la comunidad de naciones capaces de “satisfacer las diversas necesidades de los hombres tanto en el área de la vida social (alimentación, salud, educación...) como para hacer frente a  las muchas circunstancias particulares que pueden surgir aquí o allá (por ejemplo: acoger a refugiados, asistir a los emigrantes y a sus familias…)” (GS 84, § 2).

Canon 2241 Se espera que las naciones mejor provistas reciban y hagan lo posible por auxiliar al extranjero en cuanto a la seguridad y los recursos vitales que no hubiera podido encontrar en su país de origen. Los poderes públicos velarán respecto al derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes le reciben. Las autoridades políticas pueden, por el bien común que custodian, someter el ejercicio del derecho de inmigración a ciertas condiciones jurídicas, especialmente en lo relativo a los deberes de los emigrantes con respecto al país de adopción. El inmigrante debe respetar y reconocer el patrimonio material y espiritual del país que le recibe, obedecer sus leyes y pagar las contribuciones que le correspondan.

Estos documentos fundamentales (Código y Compendio) son, como ustedes saben, como los "manuales prácticos" de las orientaciones del Concilio Vaticano II. En cuatro instancias, la Constitución Gaudium y Spes (“La Iglesia en el mundo de hoy”) hace referencia a los emigrantes, a los emigrados (GS 6,27,66,84) y el decreto sobre la responsabilidad de los obispos (Christus Dominus, 16) invita a los obispos a “tener una actitud solícita especial… para con los emigrados, los exilados, los refugiados…” El decreto sobre el Apostolado de los laicos, concierne muy particularmente a nuestro MIAMSI, este decreto cuyo texto promulgado por el papa Pablo VI ¡y que él mismo prontamente entregara a manos de nuestra querida fundadora Marie-Louise MONNET! - dice: “Entre las diferentes obras de apostolado y en particular  el apostolado familiar, citamos en particular (…) recibir amablemente a los extranjeros (AL 11).

 

El primer documento oficial de la Santa Sede, donde se definió de una manera global y sistemática desde un punto de vista histórico y canónico, la pastoral de los emigrantes,  es la Constitución apostólica “Exsul Familia”, publicada por Pío XII el 1º de agosto de 1952.

 

Este documento fue retomado, ampliado y actualizado considerablemente en lo que actualmente constituye la carta de la Iglesia católica respecto a los emigrantes y a las personas que se desplazan: La Instrucción Erga emigrantes caritas Christi ("La caridad de Cristo para con los emigrantes ")  publicada por el Consejo Pontificio para la pastoral de los emigrantes y de las personas que se desplazan el 3 de mayo de 2004 (www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/documents/rc_pc_migrants_doc_20040514_erga-migrantes-caritas-christi_fr.html). Por supuesto,  haré referencia a este documento en varias oportunidades para diseñar los lineamientos de la enseñanza de la Iglesia en esta área..

 

B. Otros documentos de la Iglesia

 

Pero, como ustedes saben, lo que nosotros llamamos doctrina social de la Iglesia, a partir del papa León XIII y su encíclica Rerum Novarum, no son documentos pontificios. Es una operación inductiva que parte de la base, por decirlo de algún modo, de los compromisos asumidos por muchos cristianos sacudidos por situaciones humanas dramáticas, documentos de movimientos de fieles, de palabras proféticas de pastores y obispos, de iniciativas locales que resultan ser fecundas y proféticas (se es aún más profeta al conjugar actos y palabras), búsquedas realizadas por las Iglesias locales y que poco a poco  van delineando una actitud más evangélica con respecto a los hermanos y hermanas que están pasando por estas pruebas.  Son precisamente estas palabras y estos gestos los que poco a poco, permiten al magistrado universal dar orientaciones o estimular cambios de mentalidades.

 

Hay infinidad de documentos. Citaré, por ejemplo:

 

- el Congreso de delegados de Conferencias episcopales africanas, llevado a cabo en Nairobi, Kenia, en junio de 2008 sobre el tema: “Por una Pastoral Mejor para los emigrantes y Refugiados en África, al Inicio del Tercer Milenio” donde se hizo el “Llamado de Nairobi” (www.icmc.net/pdf/appel_de_nairobi_fr.pdf).

 

- el Reencuentro anual de Directores de la pastoral de emigrantes en Europa. El último se llevó a cabo en Viena, a mediados de setiembre de 2008, y donde se señaló el rol profético de la Iglesia en este campo. (www.ccee.ch/index.php?PHPSESSID=fii1crgvljlgdlkvr4qecvpbp1&na=4,1,0,0,f,104160,0,0,)

 

- Las Actas de un “Coloquio de Concertación Pastoral” entre las Iglesias de África Occidental, Magreb y Europa, del cual participó el P. Vincent Landel. Este coloquio se llevó a cabo en Abidjan, en mayo de 2007, bajo el título “el Drama de la Migración”.

 

- Un importante trabajo de investigación del episcopado francés llamado: “Cuando el extranjero golpea a nuestra puerta” (Documento Episcopado de junio de 2004). (Se puede ver su texto compactado en la dirección:  www.eglisemigrations.org/ressources/10113/45/4242.pdf)

 

- En el sitio de Internet de l'International Catholic Migration Commission (www.icmc.net/e/index.htm), se puede encontrar varios documentos provenientes de todos los continentes… y un libro en francés, publicado hace dos años: "Les Eglises, les migrants et les réfugiés, 35 textes pour comprendre" (L'Atelier, 2006) /Las Iglesias, los emigrantes y los refugiados, 35 textos para comprender/ relata las posiciones de los obispos de todo el mundo.

 

- Los movimientos especializados sensibilizan a la opinión pública y publican documentos de fondo: la CIMADE, organismo protestante que ha acompañado y defendido a los emigrantes y a los que piden asilo por más de 60 años, (www.cimade.org), la Red de Cristianos-Inmigrantes (www.reseau-chretien-immigres.org), la JRS,  Servicio Jesuita de los Refugiados, organización católica que trabaja en unos cincuenta países y cuya misión consiste en acompañar, servir y defender los derechos de los refugiados y de las personas desplazadas a la fuerza (www.jrs.net/home.php).

 

Además, todos los años, en ocasión de la Jornada Mundial  de emigrantes y Refugiados, el Santo Padre publica un Mensaje, por lo general con mucho tiempo de antelación para que se pueda trabajar en el tema, (www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/messages/migration/index_fr.htm). De este modo, el Mensaje para la jornada de enero de 2009 fue publicado el 24 de agosto de 2008, bajo un título que no sorprende a los que estamos en Malta: “San Pablo emigrante, Apóstol de Pueblos”! Desde las primeras líneas, Benito XVI, califica a San Pablo de “emigrante por vocación”… lo que ahora me lleva a exponerles los puntos fuertes de la Doctrina social de la Iglesia, con respecto a las migraciones.

 

 

C. Puntos de reflexión propuestos por la Doctrina Social de la Iglesia

 

1. Todo, por supuesto, parte siempre de la Palabra del Señor que el MIAMSI ha escogido como eslogan de nuestro reencuentro: “Yo era un extraño y tú me recibiste” (Mt 25,35) Al cierre de las Semanas Sociales 2006, el obispo de Nanterre, en la región parisina, precisaba que Jesús no dijo: “Yo era un extraño con papeles en regla, y tú me recibiste” es un poco de humor negro, pero ¿no es también necesario para un tema tan sensible? !

 

5 figuras bíblicas son constantemente evocadas para prestar un rostro a estos puntos de reflexión:

 

- Abraham, el padre de los creyentes, que recibe el llamado de abandonar su país para ir hacia el país que Dios le mostrará (Gn 12,1-5) y le asignará la exigencia de recibir no solamente al emigrante sino a su familia también, fundando el derecho a la reagrupación familiar sobre el hecho de que Abraham partió con toda su familia. A menudo se hará referencia a la magnífica meditación de la carta a los Hebreos: “Por su fe, Abraham obedeció al llamado de Dios: partió hacia un país que le debía ser entregado como herencia. Partió sin saber hacia dónde iba. Por su fe, se quedó como extranjero en la Tierra prometida... porque esperaba la ciudad que tendría verdaderos cimientos, aquellos de los que Dios mismo es el constructor y el arquitecto. (…) Es en la fe que (Abraham, Sara y sus compañeros) todos mueren sin haber visto las promesas cumplidas; pero sí las habían visto y saludado de lejos, afirmando que, en la tierra, ellos eran extranjeros y viajeros. O, dicho de otro modo, mostrar claramente que estamos en la búsqueda de una patria. Si hubieran pensado en la que dejaron atrás, habrían tenido la posibilidad de volver. De hecho, ellos aspiraban a una patria mejor, la de los cielos. Y Dios, no rechazó ser invocado como su dios, porque les preparó una ciudad celestial.” (Hb 11,8-16). Créanme, escuchar este pasaje bíblico durante las exequias de un emigrante en situación irregular, muerto en la ruta, le otorga una dimensión encarnada a esta Palabra, que con demasiada frecuencia espiritualizamos excesivamente.

 

- Segunda figura: Moisés y el pueblo hebreo que vivió en tierra extranjera, bajo la opresión y a quien el Señor mismo legitima su deseo de liberación y de emigración: “He visto la miseria de mi pueblo en Egipto… y he descendido para liberarlo de la manos de los Egipcios y para  que salgan de éste hacia un país bueno y vasto" (Ex 3,7-8). Completamos esta evocación de Moisés con las palabras del Deuteronomio: “cuando llegues al país que el Señor tu Dios te dará, tú dirás: Mi padre era un arameo errante” (Dt 26,1….5), junto con los mandamientos del Levítico: “Cuando un emigrante venga a instalarse a tu casa, en tu país, tú no lo explotarás; lo tratarás como a una persona de tu lugar, como uno a uno de ustedes, lo amarás como a ti mismo porque ustedes mismos fuero emigrantes en Egipto"(Lv 19,33-34).

 

- Tercera figura: el Buen Samaritano (Luc 10, 29-37): la instrucción Erga emigrantes la evoca en su tercer párrafo: el compromiso de los que luchan por los derechos de los emigrantes “es un fruto especial de la compasión de Jesús, buen Samaritano, que el Espíritu Santo despierta en el corazón de todos los hombres de buena voluntad, en todos lados y particularmente en la Iglesia”. Pequeña observación acerca del pasaje: en los textos que he leído, se invita a los cristianos a tener esa actitud del Buen Samaritano, que se comporta como un prójimo del inmigrante al borde del camino, pero no se subraya justamente que este Samaritano fuera un extranjero, puede ser incluso un emigrante en Israel, y que es él, el emigrante, el que le hace una demostración de compasión. Las exequias de un joven clandestino, víctima de agresión de un marroquí, en agosto pasado en Casa, me conmovieron profundamente, cuando escuché a sus camaradas nigerianos, unos cincuenta adultos jóvenes, recordarse mutuamente las palabras de Jesús: “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen" (Jc 23,34)… cuando el emigrante es quien nos evangeliza…

 

- Cuarta figura: una figura colectiva, la multitud del Apocalipsis, en camino hacia la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo, cerca de Dios… El pueblo de dios que peregrina desde esta tierra hacia su patria, la de los cielos, como ya lo evocaba la carta a los Hebreos.

 

- Quinta figura, la figura fundamental: Jesucristo, él mismo (con María), nacido en un pesebre, y que como extranjero, huyó a Egipto con su familia, asumiendo y recapitulando en sí mismo, la experiencia fundamental de su pueblo ((cf. Mt 2,13ss). Nacido fuera de su casa, llegando de fuera de su Patria (cf. Lc 2, 4-7), "habitaba entre nosotros » (Jn 1,11.14) y llevó su vida pública de forma itinerante, recorriendo « ciudades y aldeas » (cf. Lc, 13,22 ; Mt 9,35). Resucitado y no obstante, aún un extranjero, desconocido, se le aparece en el camino de Emaús a dos de sus discípulos que lo reconocen solamente cuando parte el pan (cf. Lc 24,35). Los cristianos seguimos, por lo tanto, a un vagabundo que no tiene dónde apoyar su cabeza para descansar (Mt 8,20 ; Lc 9,58) ».

Desde ahí, el fiel a Cristo ha sido llamado “discípulo”, el que marcha detrás y se considera de paso en el mundo, porque “acá abajo no tenemos una ciudad permanente” (Hb 13,14). La primera comunidad cristiana fue plenamente conciente de ello desde el comienzo, y podríamos releer en este sentido, la carta A Diognète, escrita hacia el 190 en Alejandría. Citaré solamente: “Los cristianos residen cada uno en su propia patria, pero como extranjeros con domicilio. Se liberan de todos sus deberes de ciudadanos y soportan todas las cargas como extranjeros. Toda tierra extraña es para ellos como una patria, y toda patria les resulta una tierra extraña.”

 

 

2. Desde  estas 5 figuras, ¿qué puntos de reflexión ofrece la doctrina social de la Iglesia?

 

En primer lugar, si bien el Compendio no habla ni una palabra de las migraciones, los fundamentos de la DS que allí se citan se pueden aplicar perfectamente al tema cuando ellos se refieren a:

- la igual dignidad de todas las personas que son imagen de Dios

- el valor de los derechos del hombre y el llamado a acortar la distancia entre la letra y el espíritu.

- el principio del bien común

- el destino universal de los bienes

- el principio de solidaridad

- y la voz de la caridad

 

Más concretamente, he aquí algunas instancias esenciales  de la instrucción “Erga emigrantes”, sobre la que me basaré, especialmente, de aquí en adelante:

 

En el plano más fundamental, el Concilio Vaticano II ha “elaborado importantes pautas y ha invitado sobretodo a los cristianos a conocer y tomar la dimensión del fenómeno migratorio (cf.GS65 y 66). Allí se recuerda el derecho a emigrar (cf. GS 65)[17], la dignidad del emigrante (cf. GS 66), la necesidad de ir más allá de las inequidades vinculadas al desarrollo socio-económico (cf. GS 63) y de responder a las exigencias reales de la persona (cf. GS 84). El Concilio reconoce además a las Autoridades civiles el derecho de regular el flujo migratorio (cf. GS 87). Recibir al extranjero se considera como inherente a la naturaleza misma de la Iglesia y testigo de su fidelidad al Evangelio (EC 21-22).

 

En base a estas pautas, los documentos de la iglesia han extraído 7 puntos de referencia teológicos y pastorales (cf. EC 27) :

1. el aspecto central de la persona: en el fenómeno migratorio, hay que tener presente en primer lugar que se trata de personas concretas que emigran, que sufren, que esperan, que buscan, que son hermanos y hermanas que debemos amar;

2. la defensa de los derechos del hombre y de la mujer emigrados así como de sus hijos;

3. la dimensión eclesial y misionera de las migraciones: a menudo, se trata de cristianos que han recibido la Fe en una Iglesia en particular, y que tienen algo de esa Iglesia para compartir con la Iglesia que los recibe;

4. la revalorización del apostolado de los laicos, el valor de las culturas en la acción de evangelización;

5. la protección y la valorización de las minorías, también en el seno de la Iglesia;

6. la importancia del diálogo eclesial ad intra et ad extra: siguiendo la forma del coloquio de Abidjan que ya he citado: los emigrantes convocan a las Iglesias, a los movimientos de Iglesia a que colaboren entre ellos acá y allá, ¿no es además una dimensión de nuestra asamblea general?  

7. el aporte específico de la emigración por la paz universal ya que, nos guste o no, teje lazos entre los pueblos y a menudo, también alianzas aunque sólo sea por los matrimonios entre emigrantes y nativos.  

 

En base a estos fundamentos, observaremos algunas instancias particulares:

 

- La iglesia invita a ratificar los instrumentos jurídicos internacionales que garantizan los derechos de los emigrantes, los refugiados y sus familias y en particular, la Convención Internacional para la protección de los derechos de todos los trabajadores emigrantes y de los miembros de sus familias, que entró en vigor en julio de 2003. Los Estados-Naciones, cada vez más interdependientes, han derribado fronteras para la libre circulación de la información y de capitales, pero no ha sucedido lo propio, en igual medida, con respecto a la libre circulación de personas. Ahora bien, los trabajadores extranjeros no deben ser considerados como una mercancía o una simple fuerza de trabajo y por lo tanto, no deben ser tratados como cualquier otro factor de producción. Todo emigrante posee derechos fundamentales inalienables que siempre deben ser respetados. La contribución de los emigrantes a la economía del país anfitrión, se encuentra ligada a la posibilidad que ellos tengan de utilizar su inteligencia y sus capacidades en su trabajo. Ante este fenómeno mundial, las políticas estrictamente nacionales no sirven de mucho, y las políticas puramente restrictivas son aún más ineficaces y poseen efectos aún más negativos, con el riesgo de aumentar las entradas clandestinas, y aún de favorecer la actividad de organizaciones criminales. (EC 8)

 

- El fenómenos migratorio despierta una verdadera pregunta ética, y es la búsqueda de un nuevo orden económico internacional, con la perspectiva del bien común universal y con el objetivo de una repartición más equitativa de los bienes de la tierra, que contribuirían, en una medida nada despreciable, a reducir y moderar de forma significativa una gran parte de los flujos de poblaciones en dificultades. (EC 9) Se precisa una política que garantice el respeto del derecho de todos los emigrantes, evitando eventuales discriminaciones. Se ha prestado mucha atención tanto en marco legislativo como en la práctica administrativa de los distintos países, a la unidad de la familia y a la protección de menores, a menudo destrozados por las migraciones. (EC 30)

 

- En cuanto a los cristianos, deben convertirse en promotores de una verdadera cultura de acogida en respuesta a la invitación de san Pablo: “Acójanse unos a otros como Cristo os ha acogido, por la gloria de Dios" (Rm 15,7). Es responsabilidad de las Iglesias y de sus pastores, hacer conocer a los autóctonos los problemas complejos de las migraciones y oponerse a sospechas infundadas o a los prejuicios que son ofensivos en relación a los extranjeros. También es preciso procurar que todos se den cuenta de las ventajas no solamente económicas que aportan a los países industrializados los flujos migratorios regulares y sino también la  mayor conciencia de que detrás de esos brazos que precisamos, hay personas, hombres, mujeres y familias enteras con niños y personas mayores (cf. EC 39-42). Es el reto  de una pastoral de emigrantes que la Instrucción “Erga emigrantes” renueva, alienta y promueve.

Porque “el extranjero” es el mensajero de Dios que sorprende y refresca la regularidad y la lógica de la vida cotidiana, acercándole lo que antes estaba lejos. En los "extranjeros", la Iglesia ve al Cristo  que “arma su tienda entre nosotros (cf.Jn 1,14)  y que “llama a nuestra puerta” (cf. Ap 3,20). Este encuentro – el resultado de prestar atención, acoger, compartir, ser solidarios, proteger los derechos de los emigrantes y al impulso de evangelización – es el reflejo de la llamada de la Iglesia que ve en ellos auténticos valores y que los considera como una gran riqueza humana.

A pesar de los fracasos, los cristianos, sensibilizados frente al fenómeno de la movilidad, son además llamados a ser signo de la fraternidad y comunión en el mundo, practicando la ética del reencuentro, el respeto por las diferencias y la solidaridad. Y los emigrantes “ofrecen a la Iglesia la oportunidad de comprobar su catolicidad, que consiste no solamente en acoger a las diferentes etnias, sino sobretodo en realizar la comunión con ellos. En la Iglesia, el pluralismo étnico y cultural no constituye una situación que hay que tolerar porque es transitoria, sino que es y posee una dimensión estructural propia. La unidad de la Iglesia, no consiste en el hecho de tener un origen y una lengua común, sino en el Espíritu de Pentecostés que reuniendo en un solo Pueblo a personas de lenguas y naciones diferentes, les confiere a todos la fe en un mismo Señor e invita a todos los hombres a tener la misma esperanza” (Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada de emigrantes 1988),

 

Conclusión con Benito XVI

 

La Doctrina Social de la Iglesia, como hemos dicho, es de naturaleza inductiva, ante un hecho, ella busca reconocer los signos de los tiempos y descubrir los llamados del Espíritu. Nos encontramos en Malta, tal vez, mientras estoy hablando, los balseros que partieron del litoral libanés estén llegando a las costas maltesas: en agosto pasado, un número pavoroso de inmigrantes en busca de un mejor futuro, perecieron en naufragios en el Mediterráneo.

El 30 de agosto, el papa declaraba desde Castel Gandolfo: “No es poco frecuente que la travesía del Mediterráneo hacia el continente europeo, realizada con la esperanza de huir de situaciones desfavorables, y a menudo insostenibles, se convierta en una tragedia. Hoy en día, este fenómeno se ha transformado en una situación de urgencia que nos interpela. Llama a nuestra solidaridad pero exige al mismo tiempo respuestas políticas eficaces.”

Ha celebrado el compromiso de “instancias regionales, nacionales e internacionales que se ocupan del tema de las migraciones irregulares”, pero asimismo ha realizado un llamado a los países de origen que “deben mostrar sentido de responsabilidad no sólo porque se trata de sus conciudadanos, sino para erradicar las causas de las migraciones irregulares y para extirpar de raíz de todas la formas de criminalidad que se encuentran ligadas a las mismas”.

Benito XVI ha solicitado, además, a los países que reciben a los emigrantes, que "desarrollen, de común acuerdo, iniciativas y estructuras que se adecuen mejor a las necesidades de los emigrantes irregulares”. Ha alentado una sensibilización “al valor de la vida que representa un bien único, siempre preciado, que debe preservarse ante los riesgos enormes a los que se enfrentan las personas que buscan mejorar sus condiciones de vida y a la obligación de legalidad que se impone a todos”.

“Como Padre de todos, siento el profundo deber de llamar la atención de todos sobre este problema y a apelar a la generosa colaboración de personas individuales y de las instituciones para enfrentar este tema y encontrar soluciones”, concluyó el papa.

 

¿No hay allí un llamado para que nuestra Asamblea de Malta agregue a la Doctrina Social de la Iglesia, bajo el impulso del Espíritu Santo, un nuevo capítulo, fruto de nuestro trabajo llevado a cabo durante 4 años?

 

Daniel Nourissat, octubre 2008

 

(Traducido por Rosario Ganón Uruguay)