Intervención de S. E. el
Cardenal Jean Louis Tauran
Presidente del Consejo
Pontificio para el Diálogo Inter religioso
El diálogo inter
religioso: ¿un riesgo o una gracia?
Evolucionamos hacia sociedades pluri
culturales y plurireligiosas. Es una evidencia. No existe una sociedad
religiosamente homogénea. En Europa, desde el jardín de infantes, los más
pequeños se codean con compañeros de todos los orígenes y adeptos a distintas
religiones. Nada sorprendente si se piensa en lo que escribía Paul
Tillich: "la religión es la sustancia de la cultura” (en Teología de
la cultura, ed. Placet 1978, pag. 92). La historia no conoce culturas no
religiosas.
Sin embargo a partir del siglo XIII, en Europa
comenzó a abrirse paso una convicción: la fe es incompatible con
Obviamente la Iglesia ha refutado esa visión de
las cosas y sostenido que excluir lo religioso de la razón es una amputación
del hombre creado a imagen y semejanza de Dios. La encíclica "Fides et Ratio”
de Juan Pablo II lo dice bien: "En Dios está el origen de cada cosa, en Él
se encuentra la plenitud del misterio y,esta es su gloria; al hombre le
corresponde la misión de investigar con su razón la verdad y en esto consiste
su grandeza”(n.17).
Pero he aquí que este Dios al que ayer habíamos
echado, hoy reaparece en el debate público. Los quioscos abundan en libros y
revistas que tratan temas religiosos, de esoterismo, de religiones nuevas. Se
ha hablado de "la revancha de Dios” (Gilles Képel).
En la actualidad no se puede comprender el mundo
sin las religiones, pero ellas dan temor.Y eso -he aquí la gran paradoja de la
situación actual- porque se las percibe como un peligro: fanatismo,
fundamentalismo, terrorismo han sido y aun son asociados a una forma pervertida
del Islam. No se trata por cierto, del verdadero Islam, practicado por la
mayoría de los adeptos a esta religión. Es un hecho que aun hoy se mata por
motivos religiosos, (asesinato del arzobispo caldeo de Mosul). Leía que en el
2001, 123 cristianos murieron por ser cristianos en Irak, en India y en
Nigeria. Es que las religiones son capaces tanto de lo mejor como de lo
peor: ellas pueden ponerse al servicio de un proyecto de santidad o de
alienación. Pueden predicar la paz o
Estamos pues en un mundo donde a causa de la
precariedad material y humana, los peligros de guerra y los riesgos del
entorno, ante el fracaso de los grandes sistemas del siglo pasado, los hombres
y mujeres de esta generación se plantean nuevamente las cuestiones esenciales
sobre el sentido de la vida y de la muerte, del sentido de la historia y de las
derivas que podrían implicar admirables descubrimientos científicos. Se había
olvidado que la persona humana es la única creatura que pregunta y se pregunta.
Es notable que el decreto del Concilio Vaticano II relativo al diálogo inter
religioso "Nostra aetate” subraya este aspecto de las cosas desde su
preámbulo:
“los hombres esperan de las diversas religiones la
respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana que hoy como ayer
conmueven íntimamente el corazón humano: ¿qué es el hombre? ¿cuál es el
origen y el destino del dolor?¿cuál es el camino para llegar a la verdadera
felicidad?”
Estamos por tanto condenados al diálogo.
En este diálogo nosotros cristianos estamos a
gusto:
--nuestro Dios es dialogante por esencia (Trinidad).
--sabemos con Pedro "Dios no hace acepción de personas y que en toda
nación quienquiera le tema y practique la justicia encuentra refugio en Ël (Act
10- 35).
Por tanto no podemos desinteresarnos de los
otros creyentes.
Para nosotros el diálogo se basa en el Dios uno y
trino.
Jesús nos ha revelado que Dios es “diálogo”
(es la substancia misma de la Trinidad) y todo cristiano se debe a imitar este
diálogo de la comunión de amor que confesamos cuando proclamamos “creo en un
solo Dios, Padre todopoderoso … creo en un solo Señor Jesús-Cristo, Hijo
único de Dios …Creo en el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo”. Y
recordamos con Pablo que Dios "quiere que todos los hombres se
salven y lleguen a conocer la verdad” (1Tim. 2-4) y que a este efecto ha
enviado a su Hijo único Jesús como el único mediador entre Dios y los hombres
(ibid 2-5). He aquí por que este Jesús tiene un lugar único en la
historia religiosa. Es más que un sabio y que un profeta. Ël es en su persona
"verdadero Dios y verdadero Hombre”. Lo es a un título único ya que
por una parte es el "Hijo único”que participa de la unicidad divina y por
otra comparte la condición de los hombres al punto de ser entre ellos un
individuo único que vivió en un lugar determinado y en una época específica de
nuestra historia. Finalmente su resurrección confirmará esta unicidad de
salvación al hacer de Él “el primero nacido de entre los muertos” (Col 1-18). Esa
es nuestra fe, es la fe de la Iglesia, que estamos orgullosos de
proclamar, a la que no podemos renunciar y que proponemos a todos los que
acepten tomarla en consideración.
Dicho esto, reconocemos que el Espíritu ya se
comunicaba al mundo en los siglos que precedieron a la venida de Cristo quien
dijo a Nicodemo, que el Espíritu como el viento “sopla donde quiere”(Jn 3-9).
Y desde Pentecostés creemos que este mismo Espíritu se comunica en
cualquier lugar y en cualquier tiempo a quien quiera recibirlo. Por esto
Vaticano II se atrevió a afirmar: "debemos creer que el Espíritu Santo
ofrece a todos la posibilidad de que en la forma que sólo Dios conoce se
asocien a este misterio pascual”(GS-22).
Ya en el comienzo del evangelio de Juan
leemos: "al principio era el Verbo y el Verbo era Dios… Ël era la
luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn1-9). Lo que quiere
decir que en todo ser humano está la luz de Cristo. Esto tiene
consecuencias que no siempre hemos tenido en consideración. Esto quiere decir
que todo lo positivo que descubrimos en las otras religiones no es oscuridad.
Todo "este positivo” participa de
Para él, comentaba BenedictoXVI “todo hombre en
tanto creatura racional está participando del Logos, lleva en él un germen y
puede percibir sus destellos” (Catequesis del 22 de marzo de 2007) y citando
una vez más a Justino “todo lo bello expresado por cualquiera nos
pertenece a nosotros cristianos (2 Apol 13-4). Habrán reconocido el
concepto del “logos espermatikon”. Es necesario entonces releer Nuestra
aetate: "la Iglesia católica no rechaza nada de lo que es verdadero y
santo en estas religiones. Considera con un respeto sincero estos modos de
vivir y obrar, estas normas y doctrinas que si bien difieren en muchos
puntos de lo que ella sostiene y profesa, aportan sin embargo un destello de la
verdad que ilumina a todos los hombres”(n 2).
El Espíritu, derramado en el corazón de los
hombres, despierta en ellos la vida misma de Dios. Él que une recíprocamente al
Padre y al Hijo es principio de relación con otros.
Si es así ¿qué debemos poner bajo la expresión
¿“diálogo religioso” y qué se debe hacer?
He encontrado una definición de diálogo en el
diccionario de definiciones filosóficas (PUF 1990, vol 1 p. 642): hay diálogo
cuando los individuos o los grupos humanos en desacuerdo sobre un punto que
consideran esencial, intentan destrabar su conflicto intercambiando argumentos
y objeciones, en lugar de entregarse a la lucha violenta”.
Aplicado al diálogo inter religioso, esta
definición nos permite calificarlo con más precisión. No se trata de una
conversación entre amigos cuyo fin sería evitar los temas enojosos. No se trata
tampoco de una negociación como la que practican los diplomáticos: se encuentra
la solución al diferendo y se termina. Con el diálogo inter religioso se trata
de promover todas las relaciones positivas y constructivas posibles entre
individuos y comunidades” con el fin de aprender a conocerse y enriquecerse
unos a otros, sujetándose a la verdad y respetando la libertad de cada uno”
(Diálogo y anuncio n. 9). El diálogo inter religioso comienza siempre por
el respeto del otro, de su persona y sus convicciones. Además, este diálogo se
convierte para mi en una ocasión para profundizar mis convicciones. Puede
transformarme: al hacerme descubrir que Dios está obrando en cada hombre,
me obliga a revisar las ideas recibidas con relación a los otros y a
profundizar mi fe, ya que debo confesar que Jesucristo es el único mediador
entre Dios y los hombres (1 Tim. 2,4-6 ). No se trata de encontrar el más
“pequeño “ denominador común entre las religiones o sostener “ellas dicen más o
menos la misma cosa” (relativismo). Se trata de decir "todos los
creyentes, todos los que están en busca de lo Absoluto tienen la misma
dignidad”. Se puede decir desde Vaticano II que los católicos han pasado
del encuentro al diálogo que les ha enseñado a respetar las convicciones de los
otros y lo que Dios no cesa de realizar en el corazón de cada hombre. Y porque
los seres humanos han sido creados libres de buscar a Dios, deben ser libres de
hacer o no la elección de Dios.
Se debe decir pues con la encíclica
“Redemptoris missio” que el diálogo inter religioso no nace de una táctica o de
un interés sino que es una actividad con motivaciones, exigencias y su dignidad
propias: es exigido por el profundo respeto que se debe tener hacia todo lo que
el Espíritu “que sopla donde quiere” ha obrado en el hombre. Gracias al diálogo
la Iglesia se propone descubrir “las simientes del Verbo", los “destellos
de la verdad que ilumina a todos los hombres”, simientes y destellos que se
encuentran en las personas y las tradiciones religiosas de
¿Cómo se realiza este diálogo inter religioso?
El diálogo inter religioso se realiza según 4
modalidades:
el diálogo de la vida: compartir las alegrías y
las penas de la existencia con los adeptos de otras religiones
el diálogo de las obras: colaboración al bienestar
de unos y otros, sobretodo los que viven en la precariedad
el diálogo teológico: comprender mejor nuestras
herencias religiosas
el diálogo de las espiritualidades: compartir la
riqueza de la vida de oración o de contemplación de unos y otros.
Me pregunto si somos suficientemente concientes de
la riqueza que constituyen los creyentes para el mundo:
- cada week end: millones de
creyentes se reúnen en sus mezquitas, sinagogas o iglesias para rendir gloria a
Dios y encontrar junto a Él inpiración y fuerza para ser coherentes con sus
convicciones religiosas.
- Estos hombres y estas mujeres que oran
recuerdan a todos que “el hombre no vive solamente de pan”: necesidad de
la vida interior. Para nosotros, cristianos, una ocasión de subrayar que
nosotros no anunciamos una cultura sino una persona, cuyo mensaje es compatible
con todas las culturas una vez purificadas de sus contradicciones.
- La fe se vive en una comunidad: los
creyentes auténticos son fermento de fraternidad. Religión debería ser siempre
sinónimo de paz. El nombre de Dios es un nombre de paz.
- Estas “historias santas”, vehiculadas por
las otras religiones deberían ayudarnos a recibir más plenamente la
extraordinaria revelación de Dios en Jesucristo y a jamás renunciar a
anunciarlo: es un deber y un derecho. Dicho esto es necesario conservar siempre
la distinción entre proselitismo y anuncio de su propia fe, en el respeto
de la dignidad y la libertad de cada ser humano.
¿Qué consecuencias concretas tiene este tipo de diálogo para un creyente?
A la postre el diálogo inter religioso incita a los creyentes a ser
testigos de su fe. Y este testimonio se basa en tres pilares:
(1) tener ideas claras sobre el contenido de su propia
religión. No se dialoga sobre
(2) Vivir según nuestras convicciones. Debemos
ser, unos y otros, creyentes creibles. En el diálogo inter religioso estamos
expuestos a la mirada del otro.Unos y otros nos preguntamos “dime quién
es tu Dios y cómo traduces tu fe en lo cotidiano”. Este tipo de diálogo
no se realiza entre religiones sino siempre entre creyentes.
(3) El tercer pilar: no temer manifestarnos para decir
nuestra fe. Haciendo esto, el creyente es honesto consigo mismo y con sus
compañeros. ¿Sería yo sincero si me abstengo de compartir con toda franqueza lo
que yo creo con mis semejates? ¡No! En todo caso un cristiano que ha
descubierto a Jesús y su mensaje no puede conservarlos para él solo. "Tan
grandes dones decía Benedicto XVI en diciembre de 2007, no están jamás
destinados a una sola persona. En Jesucristo ha nacido para nosotros …
Los creyentes que dialogan de esta manera constituyen una riqueza para
-por asegurar el respeto de la dignidad de la persona humana y sus
derechos fundamentales;
-por desarrollar el sentido de la fraternidad y ayuda mutua;
-por inspirarse en el “savoir faire” de las comunidades de creyentes que
cada semana al menos, juntan en el marco de su culto a millones de personas de
las más diversas en una comunión espiritual auténtica;
-por ayudar a los hombres y mujeres de este tiempo a no ser esclavos de las
modas, del consumismo y del solo provecho.
Entonces, para concluir, a la cuestión inicial “El diálogo inter religioso:
un riesgo o una gracia” respondo:¡ los dos!. Un riesgo: el del sincretismo.
Pero es relativo, ya que todo creyente que dialoga es llevado a profundizar su
fe para dar razón de ella. Los creyentes en diálogo se plantean inevitablemente
las cuestiones esenciales de las que habla el prólogo de “Nostra aetate” ¿Cómo
no señalar que en la palabra “diálogo” el prefijo “dia” que significa a través
indica bien que dialogar es aceptar que otra palabra se cruce con la mia?
Una suerte. Es mi convicción. Por cierto cuando decimos “Cristo es la
plenitud de la revelación de Dios” se podría pensar que el cristiano no tiene
gran interés en esforzarse en comprender lo que hace vivir a los hombres en las
otras religiones. Entonces debemos recordar dos cosas:
1 Cristo, en tanto Verbo de Dios está -como el Padre y el Espíritu-
presente en todo hombre desde siempre. Las otras religiones,cuando nos hablan
de la presencia de Dios en el hombre importan también al cristiano en su propia
experiencia de fe. Lo que hace el Espíritu en el corazón de los hombres y en la
historia de los pueblos, en las culturas y las religiones cumple una función de
Evangelización.
2 Los otros creyentes pueden ayudar a acceder a una mejor conciencia
de nuestra identidad cristiana.Es lo que dice el documento “Diálogo y
anuncio”: La plenitud de la verdad recibida en Jesucristo no le da al
cristiano la garantía de que haya también asimilado plenamente esa verdad”… La
verdad no es algo que poseemos … sino una persona por quien debemos
dejarnos poseer ... Es una tarea sin final. Mediante el diálogo los
cristianos pueden ser a veces llevados a aceptar que la comprensión de su fe
sea purificada”(49). Los otros nos fortalecen en nuestro camino de creyentes:
ellos nos estimulan a ser coherentes para estar "siempre prontos” a
explicar mejor y a dar cuenta de la esperanza en nosotros” (Pedro).
Finalmente el diálogo inter religioso supone mucha perseverancia de
unos y otros.
Pero a la postre, en un mundo frívolo como el nuestro, los creyentes en
diálogo pueden recordar también a sus contemporáneos la necesidad de la “vida
interior”. Ellos pueden ayudar a sus compañeros en humanidad a liberarse de una
“vida sin objeto” evocada por Pedro en una de sus catequesis.
Si, que en este mundo de lo efímero que nos hemos construido puedan todos
los que buscan a Dios o al Absoluto ayudar a sus hermanos y hermanas en
humanidad a caminar hacia este Dios que nos espera al fin del camino para
introducirnos en su misterio, “donde el hombre es poseido en lugar de poseer,
donde "él adora en lugar de razonar, donde es conquistado en lugar de
conquistar”(1)!
___________
1) K. Ranher, Una fe que
ama el mundo, ed Salvador, p.181