Intervención de S. E. el Cardenal Jean Louis Tauran

Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Inter religioso

 

 

El diálogo inter religioso: ¿un riesgo o una gracia?

  

Evolucionamos hacia sociedades  pluri culturales y plurireligiosas. Es una evidencia. No existe una sociedad religiosamente homogénea. En Europa, desde el jardín de infantes, los más pequeños se codean con compañeros de todos los orígenes y adeptos a distintas religiones. Nada sorprendente si se piensa en lo que escribía Paul Tillich:  "la religión es la sustancia de la cultura” (en Teología de la cultura, ed. Placet 1978, pag. 92). La historia no conoce culturas no religiosas.

 

Sin embargo a partir del siglo XIII, en Europa comenzó a abrirse paso una convicción: la fe es incompatible con la razón. Descartes aun siendo creyente va a aplicar a las cosas de la fe su duda metódica. Esta corriente de pensamiento dará origen a la filosofía de las Luces: la razón puede por si misma acceder a la verdad. La moral natural, la tolerancia, el deismo, más aun, para algunos el ateismo, dan a pensar que el hombre se basta a si mismo. Luego de los avances considerables de las ciencias, (Newton muere en1727) el desarrollo de los viajes, (y de las misiones) las crisis sociales no resueltas, muchos consideran que el cristianismo con sus dogmas y su moral, no sirve al progreso. Se sostiene entonces que todos los hombres pertenecen a la misma humanidad, y  dotados de razón, descubren fácilmente que existe una religión natural, sin dogma, sin fanatismo. El hombre se basta a si mismo. No es necesario pedir  a la religión explicaciones sobre su origen, ni esperar felicidad más allá de la tierra. El hombre está así situado en el centro del mundo y lo sobrenatural es eliminado. En el plano de las ideas, esta visión de las cosas conducirá al Cientificismo (todo lo que la razón humana no justifica, no existe), y en el plano de las realizaciones, a la Revolución francesa (organizar la sociedad sin Dios) para desembocar en el siglo XX en dos totalitarismos (marxismo leninismo e ideología nazi).

 

Obviamente la Iglesia ha refutado esa visión de las cosas y sostenido que excluir lo religioso de la razón es una amputación del hombre creado a imagen y semejanza de Dios. La encíclica "Fides et Ratio” de Juan Pablo II lo dice bien: "En Dios está el origen de cada cosa, en Él se encuentra la plenitud del misterio y,esta es su gloria; al hombre le corresponde la misión de investigar con su razón la verdad y en esto consiste su grandeza”(n.17).

Pero he aquí que este Dios al que ayer habíamos echado, hoy reaparece en el debate público. Los quioscos abundan en libros y revistas que tratan temas religiosos, de esoterismo, de religiones nuevas. Se ha hablado de  "la revancha de Dios” (Gilles Képel).

 

En la actualidad no se puede comprender el mundo sin las religiones, pero ellas dan temor.Y eso -he aquí la gran paradoja de la situación actual- porque se las percibe como un peligro: fanatismo, fundamentalismo, terrorismo han sido y aun son asociados a una forma pervertida del Islam. No se trata por cierto, del verdadero Islam, practicado por la mayoría de los adeptos a esta religión. Es un hecho que aun hoy se mata por motivos religiosos, (asesinato del arzobispo caldeo de Mosul). Leía que en el 2001, 123 cristianos murieron por ser cristianos en Irak, en India y en Nigeria. Es que las religiones son capaces tanto de lo mejor como de lo peor:  ellas pueden ponerse al servicio de un proyecto de santidad o de alienación. Pueden predicar la paz o la guerra. Es necesario precisar que no son las religiones las que hacen la guerra sino sus adeptos. De ahí la necesidad de conjugar la fe con la razón. Ya que actuar contra la razón es en realidad actuar contra Dios, como el papa Benedicto XVI lo ha recordado  en su exposición en la universidad de Ratisbonne, el 12 de setiembre de 2006: en el comienzo era el Verbo-logos en griego y logos designa a la vez la razón y la palabra, una razón que es creadora y capaz de trasmitirse, pero justamente como razón que se comunica…Una razón que  permanece sorda a lo divino y rechaza la religión al dominio de las subculturas no es apta para el diá logo entre culturas.

 

Estamos pues en un mundo donde a causa de la precariedad material y humana, los peligros de guerra y los riesgos del entorno, ante el fracaso de los grandes sistemas del siglo pasado, los hombres y mujeres de esta generación se plantean nuevamente las cuestiones esenciales sobre el sentido de la vida y de la muerte, del sentido de la historia y de las derivas que podrían implicar admirables descubrimientos científicos. Se había olvidado que la persona humana es la única creatura que pregunta y se pregunta. Es notable que el decreto del Concilio Vaticano II relativo al diálogo inter religioso "Nostra aetate” subraya este aspecto de las cosas desde su preámbulo:

“los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana que hoy como ayer conmueven  íntimamente el corazón humano: ¿qué es el hombre? ¿cuál es el origen y el destino del dolor?¿cuál es el camino para llegar a la verdadera felicidad?”

 

Estamos por tanto condenados al diálogo.

 

En este diálogo nosotros cristianos estamos a gusto:

            --nuestro Dios es dialogante por esencia (Trinidad).

            --sabemos con Pedro "Dios no hace acepción de personas y que en toda nación quienquiera le tema y practique la justicia encuentra refugio en Ël (Act 10- 35).

Por tanto no podemos desinteresarnos de los otros creyentes.

  

Para nosotros el diálogo se basa en el Dios uno y trino.

 

 Jesús nos ha revelado que Dios es “diálogo” (es la substancia misma de la Trinidad) y todo cristiano se debe a imitar este diálogo de la comunión de amor que confesamos cuando proclamamos “creo en un solo Dios, Padre todopoderoso  … creo en un solo Señor Jesús-Cristo, Hijo único de Dios …Creo en el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo”. Y recordamos con Pablo que Dios  "quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad” (1Tim. 2-4) y que a este efecto ha enviado a su Hijo único Jesús como el único mediador entre Dios y los hombres (ibid 2-5).  He aquí por que  este Jesús tiene un lugar único en la historia religiosa. Es más que un sabio y que un profeta. Ël es en su persona "verdadero Dios y verdadero Hombre”.  Lo es a un título único ya que por una parte es el "Hijo único”que participa de la unicidad divina y por otra comparte la condición de los hombres al punto de ser entre ellos un individuo único que vivió en un lugar determinado y en una época específica de nuestra historia. Finalmente su resurrección confirmará esta unicidad de salvación al hacer de Él “el primero nacido de entre los muertos” (Col 1-18). Esa es nuestra fe, es la fe  de la Iglesia, que estamos orgullosos de proclamar, a la que no podemos renunciar y que proponemos a todos los que acepten tomarla en consideración.

 

Dicho esto, reconocemos que el Espíritu ya se comunicaba al mundo en los siglos que precedieron a la venida de Cristo quien dijo a Nicodemo, que el Espíritu como el viento “sopla donde quiere”(Jn 3-9).  Y desde Pentecostés creemos que este mismo Espíritu se comunica en cualquier lugar y en cualquier tiempo a quien quiera recibirlo. Por esto Vaticano II se atrevió a afirmar: "debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos  la posibilidad de que en la forma que sólo Dios conoce se asocien a este misterio pascual”(GS-22).

Ya en el comienzo del  evangelio de Juan leemos: "al principio era el Verbo y el Verbo era  Dios… Ël era la luz verdadera que ilumina a todo hombre” (Jn1-9).  Lo que  quiere decir que en todo ser humano está la luz de Cristo.  Esto tiene consecuencias que no siempre hemos tenido en consideración. Esto quiere decir que todo lo positivo que descubrimos en las otras religiones no es oscuridad.  Todo "este positivo” participa de la gran Luz que resplandece sobre todas las luces. Siendo así, muchas cosas se aclaran:  todo lo "que es verdadero y santo en una religión es acogido, confirmado y llevado a su perfección en Cristo. Al respecto hay que releer a San Justino en su Primera Apología: aquellos que han vivido de conformidad con el Verbo son cristianos”.

Para él, comentaba BenedictoXVI “todo hombre en tanto creatura racional está participando del Logos, lleva en él un germen y puede percibir sus destellos” (Catequesis del 22 de marzo de 2007) y citando una vez  más a Justino “todo lo bello expresado por cualquiera nos pertenece a nosotros cristianos (2 Apol 13-4).  Habrán reconocido el concepto del “logos espermatikon”.  Es necesario entonces releer Nuestra aetate: "la Iglesia católica no rechaza nada de lo que es verdadero y santo en estas religiones. Considera con un respeto sincero estos modos de vivir  y obrar, estas normas y doctrinas que si bien difieren en muchos puntos de lo que ella sostiene y profesa, aportan sin embargo un destello de la verdad que ilumina a todos los hombres”(n 2).

 

El Espíritu, derramado en el corazón de los hombres, despierta en ellos la vida misma de Dios. Él que une recíprocamente al Padre y al Hijo es principio de relación con otros.

 

Si es así ¿qué debemos poner bajo la expresión ¿“diálogo religioso” y qué se debe hacer?

 

He encontrado una definición de diálogo en el diccionario de definiciones filosóficas (PUF 1990, vol 1 p. 642): hay diálogo cuando los individuos o los grupos humanos en desacuerdo sobre un punto que consideran esencial, intentan destrabar su conflicto intercambiando argumentos y  objeciones, en lugar de entregarse a la lucha violenta”.

 

Aplicado al diálogo inter religioso, esta definición nos permite calificarlo con más precisión. No se trata de una conversación entre amigos cuyo fin sería evitar los temas enojosos. No se trata tampoco de una negociación como la que practican los diplomáticos: se encuentra la solución al diferendo y se termina. Con el diálogo inter religioso se trata de promover todas las relaciones positivas y constructivas posibles entre individuos y comunidades” con el fin de aprender a conocerse y enriquecerse unos a otros, sujetándose a la verdad y respetando la libertad de cada uno” (Diálogo y anuncio n. 9).  El diálogo inter religioso comienza siempre por el respeto del otro, de su persona y sus convicciones. Además, este diálogo se convierte para mi en una ocasión para profundizar mis convicciones. Puede transformarme:  al hacerme descubrir que Dios está obrando en cada hombre, me obliga a revisar las ideas recibidas con relación a los otros y a profundizar mi fe, ya que debo confesar que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim. 2,4-6 ).  No se trata de encontrar el más “pequeño “ denominador común entre las religiones o sostener “ellas dicen más o menos la misma cosa” (relativismo). Se trata de decir "todos los creyentes, todos los que están en busca de lo Absoluto tienen la misma dignidad”.  Se puede decir desde Vaticano II que los católicos han pasado del encuentro al diálogo que les ha enseñado a respetar las convicciones de los otros y lo que Dios no cesa de realizar en el corazón de cada hombre. Y porque los seres humanos han sido creados libres de buscar a Dios, deben ser libres de hacer o no la elección de Dios.

 

Se debe decir pues con la encíclica “Redemptoris missio” que el diálogo inter religioso no nace de una táctica o de un interés sino que es una actividad con motivaciones, exigencias y su dignidad propias: es exigido por el profundo respeto que se debe tener hacia todo lo que el Espíritu “que sopla donde quiere” ha obrado en el hombre. Gracias al diálogo la Iglesia se propone descubrir “las simientes del Verbo", los “destellos de la verdad que ilumina a todos los hombres”, simientes y destellos que se encuentran en las personas y las tradiciones religiosas de la humanidad. El diálogo inter religioso está basado en la esperanza y la caridad y dará frutos en el Espíritu. Las otras religiones constituyen un reto positivo para la Iglesia de hoy. En efecto, ellas la estimulan a descubrir y a reconocer los signos de la presencia de Cristo y de la acción del Espíritu, como también a profundizar su identidad y a dar testimonio de la integridad de la Revelación de la cual es depositaria para el bien de todos” (n.56).

 

¿Cómo se realiza este diálogo inter religioso?

 

El diálogo inter religioso se realiza según 4 modalidades:

 

el diálogo de la vida: compartir las alegrías y las penas de la existencia con los adeptos de otras religiones

el diálogo de las obras: colaboración al bienestar de unos y otros, sobretodo los que viven en la precariedad

el diálogo teológico: comprender mejor nuestras herencias religiosas

el diálogo de las espiritualidades: compartir la riqueza de la vida de oración o de contemplación de unos y otros.

 

Me pregunto si somos suficientemente concientes de la riqueza que constituyen los creyentes para el mundo:

-          cada week  end:  millones de creyentes se reúnen en sus mezquitas, sinagogas o iglesias para rendir gloria a Dios y encontrar junto a Él inpiración y fuerza para ser coherentes con sus convicciones religiosas.

-          Estos hombres y estas mujeres que oran recuerdan a todos que “el hombre no vive solamente de pan”:  necesidad de la vida interior. Para nosotros, cristianos, una ocasión de subrayar que nosotros no anunciamos una cultura sino una persona, cuyo mensaje es compatible con todas las culturas una vez purificadas de sus contradicciones.

-          La fe se vive en una comunidad:  los creyentes auténticos son fermento de fraternidad. Religión debería ser siempre sinónimo de paz. El nombre de Dios es un nombre de paz.

-          Estas “historias santas”, vehiculadas por las otras religiones deberían ayudarnos a recibir más plenamente la extraordinaria revelación de Dios en Jesucristo y a jamás renunciar a anunciarlo: es un deber y un derecho. Dicho esto es necesario conservar siempre la  distinción entre proselitismo y anuncio de su propia fe, en el respeto de la dignidad y la libertad de cada ser humano.

 

          ¿Qué consecuencias concretas tiene este tipo de diálogo para un creyente?

    

A la postre el diálogo inter religioso incita a los creyentes a ser testigos de su fe. Y este testimonio se basa en tres pilares:

 

(1)   tener ideas claras sobre el contenido de su propia religión. No se dialoga sobre la ambigüedad. Cada integrante del diálogo debe tener una clara identidad. Tanto la catequesis como la enseñanza en nuestros seminarios y universidades deben promover una profundización constante de la especificidad de nuestra fe para poner a pastores y fieles en condiciones de dialogar en verdad con los adeptos a otras religiones.

 

(2) Vivir según nuestras convicciones. Debemos ser, unos y otros, creyentes creibles. En el diálogo inter religioso estamos expuestos a la mirada del  otro.Unos y otros nos preguntamos “dime quién es tu Dios y cómo traduces tu fe en lo cotidiano”.  Este tipo de diálogo no se realiza entre religiones sino siempre entre creyentes.

 

(3)   El tercer pilar: no temer manifestarnos para decir nuestra fe. Haciendo esto, el creyente es honesto consigo mismo y con sus compañeros. ¿Sería yo sincero si me abstengo de compartir con toda franqueza lo que yo creo con mis semejates? ¡No! En todo caso un cristiano que ha descubierto a Jesús y su mensaje no puede conservarlos para él solo. "Tan grandes dones decía Benedicto XVI en diciembre de 2007, no están jamás destinados a una sola persona. En Jesucristo ha nacido para nosotros … la gran Luz: no podemos esconderla bajo el celemín … sino ponerla en el candelero" (Discurso a la Curia romana, 21 XII.07).

 

Los creyentes que dialogan de esta manera constituyen una riqueza para la sociedad. Ellos están llamados a colaborar de maneras diversas con todos aquellos que se esfuerzan:

-por asegurar el respeto de la dignidad de la persona humana y  sus derechos fundamentales;

-por desarrollar el sentido de la fraternidad y ayuda mutua;

-por inspirarse en el “savoir faire” de las comunidades de creyentes que cada semana al menos, juntan en el marco de su culto a millones de personas de las más diversas en una comunión espiritual auténtica;

-por ayudar a los hombres y mujeres de este tiempo a no ser esclavos de las modas, del consumismo y del solo provecho.

 

Entonces, para concluir, a la cuestión inicial “El diálogo inter religioso: un riesgo o una gracia” respondo:¡ los dos!. Un riesgo: el del sincretismo. Pero es relativo, ya que todo creyente que dialoga es llevado a profundizar su fe para dar razón de ella. Los creyentes en diálogo se plantean inevitablemente las cuestiones esenciales de las que habla el prólogo de “Nostra aetate” ¿Cómo no señalar que en la palabra “diálogo” el prefijo “dia” que significa a través indica bien que dialogar es aceptar que otra palabra se cruce con la mia?

 

Una suerte. Es mi convicción. Por cierto cuando decimos “Cristo es la plenitud de la revelación de Dios” se podría pensar que el cristiano no tiene gran interés en esforzarse en comprender lo que hace vivir a los hombres en las otras religiones. Entonces debemos recordar dos cosas:

 

1  Cristo, en tanto Verbo de Dios está -como el Padre y el Espíritu- presente en todo hombre desde siempre. Las otras religiones,cuando nos hablan de la presencia de Dios en el hombre importan también al cristiano en su propia experiencia de fe. Lo que hace el Espíritu en el corazón de los hombres y en la historia de los pueblos, en las culturas y las religiones cumple una función de Evangelización.

 

2  Los otros creyentes pueden ayudar a acceder a una mejor conciencia de nuestra identidad cristiana.Es lo que dice el documento “Diálogo y anuncio”:  La plenitud de la verdad recibida en Jesucristo no le da al cristiano la garantía de que haya también asimilado plenamente esa verdad”… La verdad no es algo que poseemos … sino una persona por quien debemos dejarnos poseer ... Es una tarea sin final. Mediante el diálogo los cristianos pueden ser a veces llevados a aceptar que la comprensión de su fe sea purificada”(49).  Los otros nos fortalecen en nuestro camino de creyentes: ellos nos estimulan a ser coherentes para estar "siempre prontos” a explicar mejor y a dar cuenta de la esperanza en nosotros” (Pedro).

 

 Finalmente el diálogo inter religioso supone mucha perseverancia de unos y otros.

 

Pero a la postre, en un mundo frívolo como el nuestro, los creyentes en diálogo pueden recordar también a sus contemporáneos la necesidad de la “vida interior”. Ellos pueden ayudar a sus compañeros en humanidad a liberarse de una “vida sin objeto” evocada por Pedro en una de sus catequesis.

 

Si, que en este mundo de lo efímero que nos hemos construido puedan todos los que buscan a Dios o al Absoluto ayudar a sus hermanos y hermanas en humanidad a caminar hacia este Dios que nos espera al fin del camino para introducirnos en su misterio, “donde el hombre es poseido en lugar de poseer, donde "él adora en lugar de razonar, donde es conquistado en lugar de conquistar”(1)!

 

                                               Cardenal Jean Louis Tauran

 

 

 

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1) K. Ranher, Una fe que ama el mundo, ed Salvador, p.181